JUEVES SANTO

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– Jn 13,1-15 –

Ofrenda

 “Que sea cordero”, que sea “sin ningún defecto”, que sea inmolado por todos a la hora del crepúsculo, que con esa sangre se marquen los dinteles de la puerta de las casas porque esa marca, servirá de socorro (Ex 12, 5-7).

Esa marca hecha con tu preciosísima sangre, será la que nos libre del exterminador y de la muerte. Esa ofrenda bendita, la que nos sumerge en el agua viva que brota de Tu costado traspasado y nos lava los pies, lo más bajo, lo más sucio, nada queda sin purificarse por tan heroica ofrenda.

Te ofreces por entero mi Cristo doliente… y yo ¡no quisiera verte inmolado! No quisiera ver una sola herida en Tu cuerpo bendito y poderoso, pero si es la condición para compartir Tu suerte, que sea Tu sangre derramada y esparcida como aquel perfume en Betania.

Te ofreciste allí, te quedaste acá, se volvió de noche el día y se convirtió así en crepúsculo. En la frontera entre el día y la noche, entre la muerte y la vida, entre Egipto y la tierra prometida, nos llevas de la mano abriendo el mar, partiendo el camino, tocando suavemente nuestras puertas marcadas con Tu sangre. Hemos sido así, indignos herederos de tan gloriosa suerte. Has sellado nuestra vida, has marcado nuestros dinteles, has impreso en nuestro corazón, con Tu propia sangre, ese destino prístino que nos lleva hacia Ti de modo ineludible… nos vamos, volvemos, se enciende nuestro corazón, se enfría, otra vez la llama, otra vez el hielo… pero estamos señalados por Tu cruz, esa cruz amada y doliente, esa que nos llama, nos convoca, poderosa a quedarnos para siempre contigo.

Has hecho lo que Te ha sido encomendado… has hecho, lo que el Padre ha señalado. Nos has amado hasta el extremo “… sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios…”.

Si el mismo Padre ha puesto todo en Tus manos poderosas, ¿Cómo no hacerlo nosotros?, ¿Cómo yo negarme a Tu ofrenda bendita? Te entregas para mí, Te ofreces por entero ayer, hoy y siempre. Porque viniendo del Padre y volviendo a Él, te quedas también con nosotros aquí. Nos regalas Tu cuerpo y Tu sangre, Te quedas en la forma más básica, en la más elemental. En este día en que Te apresan, Te apresas por nosotros. No opones resistencia alguna, abres las manos, reprendes al de la espada y allí vas, dispuesto a enfrentar la suerte que ya sabes, se avecina.

Has cenado con tus amigos, has gozado esa celebración llena de signos y ejemplos, has anunciado la entrega y la negación de Tus amigos, has pasado la hora del temor y de la anticipación en oración… ¡has hecho todo y todo lo has hecho bien! Porque todo ha sido como el Padre Te lo ha pedido…

Y en medio de tanto, de todo eso, veladamente Te has quedado para siempre entre nosotros invitándonos a compartir Tu suerte, dejándonos purificar por Tu sangre, alimentar con Tu cuerpo. Hagan lo mismo que yo hice con ustedes”,esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre, siempre que la beban, háganlo en memoria mía” (1Cor 11, 23-26).

En memoria Tuya nos instas a entregarnos, ofrendarnos, a pastorear porque hemos sido pastoreados. Pastor como Tú, cercano y paciente, que nos fuiste a buscar cuando estábamos perdidos, nos llamaste por el nombre, Te hiciste pasto para este rebaño hambriento, alimento espiritual y material para saciar nuestras miserias. Mísero grano de trigo, pobre fruto de la vid … pura promesa, de la nada, al todo. Bendito eres Señor que a tan poca cosa puedes transformarla en Tu glorioso Cuerpo y preciosa Sangre. Si tal mutación es posible, ¡cuánto puedes con mi sí!! Aún en la migaja de mi ofrenda, si es un sí por entero, cuánto provecho puedes sacar Tú de allí. Aún mi pobreza, si te la entrego por entera, de allí puedes derramarte, esparcirte, volcarte y lavar a otros sus propias miserias.

Gracias Señor por cenar con nosotros.

Señor por esa poderosa transformación que nos regalaste para quedarte con nosotros para siempre. ¡Gracias por la Eucaristía!

Gracias Señor por el ejemplo de servicio al humillarte lavándonos los pies.

Gracias Señor por esos Pastores a los que llamaste para continuar Tu obra y guiar a este gran rebaño.