DOMINGO DE PASCUA

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– Jn 20,1-9 –

Vencedor

Dios poderoso, que abriste el océano para que pudiéramos caminar hacia la Tierra Prometida… Dios bondadoso que sumergiste bajo las aguas del Mar Rojo a mi egipcio interior y con tal bautismo, me ofreciste una Vida Nueva resplandeciente y la esperanza de la eternidad… Dios vencedor que combatiste con nosotros y nos compartiste la victoria que ganaste en favor nuestro… Yo Te alabo mi Señor porque has mirado nuestra pequeñez con compasión, porque has visto nuestra miseria con dolor y porque has sometido nuestro pecado con las fuerzas de Tu infinito amor, ofreciéndonos dejar atrás el hombre viejo que fuimos y renacer a la Luz que proviene de la Resurrección.

Este es el día en que has roto las cadenas de la muerte, es el día en que el cielo ha bajado a la tierra para envolvernos con su Luz y enredarnos en un destino inmejorable, la salvación.

Este es el día en que se han cumplido todas Tus promesas, esas que desde la expulsión del Paraíso añoraba toda la creación; es el día que, sabiéndolo o no, esperaba todo hombre.

Te buscábamos en el sepulcro y este ahora ha quedado vacío, como “los infiernos” adonde descendiste a buscar a los justos que allí Te esperaban desde tiempo inmemorial. Llorábamos tristemente Tu partida y ¡¡¡estás vivo!!! Tu nunca Te vas de nuestro lado, aunque a veces no nos demos cuenta, allí estás con nosotros, caminando a nuestro lado. Señor que yo Te vea siempre y si no puedo verte, que Te busque confiando en el camino que me propones. Que, aún en medio del silencio, guarde en mi corazón la certeza de que caminas conmigo.

Bendito Padre eterno que nos miraste con amor y una vez que habíamos muerto, enviaste a Tu Unigénito para redimirnos.

Bendito Tú, mi amado Salvador que aceptaste tal cruenta misión y Te ofreciste por nosotros. Dejaste la condición divina y la gloria celestial para asumir la de hombre limitado y preso de necesidades.

Bendito Espíritu Santo que haces nuevas todas las cosas; que, por Tu efusión, en cada misa transformas el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre preciosa de mi Jesús. Bendito soplo de Dios que infundes aliento de vida, renuevas nuestro interior y nos permites renacer a esta Vida Nueva que hoy inicia.

Te alabo Señor Dios, que riges el orden del universo y miraste la pequeñez de nuestra condición, la sepultura a la que habíamos quedado sujetos y trazaste el bendito plan que hoy nos lleva a la salvación; irrumpiste en la eternidad rompiendo la separación que había entre nosotros.

Gracias Señor porque, de tal modo, Te hiciste cercano y presente, gracias porque estando en las Alturas, estás también aquí entre nosotros espiritual y corporalmente. Ahora podemos gozar todos juntos de la gloria que nos compartes, podemos hablarte, rogarte, alabarte. Tú no Te has ido, ¡¡estás con nosotros vivo otra vez!!  Gracias Señor porque nos has hecho testigos de las maravillas de Tu creación, de Tu amor, de la salvación y ahora de la resurrección.

¡Caminábamos ciegos y hemos recuperado la vista!, no sabíamos hacia donde nos dirigíamos, íbamos a tientas y ahora marchamos hacia la eternidad a la que nos guías con Tu mano poderosa que resplandece en la oscuridad señalándonos nuestra meta: el cielo, nuestro destino: el Paraíso. Porque nos compartiste Tu realeza y ahora Tu morada. Nos ofreces un banquete esplendoroso, nos muestras la copa de la salvación, preparas para nosotros un lugar entre las habitaciones que hay en la casa de Tu Padre y nos exhortas, entre tanto “…donde yo esté, estén también ustedes, ya conocen el camino.

Eres Tú, mi Señor, el Camino que has trazado para pasar de un lado al otro, de Egipto a la Tierra Prometida, del pecado a la Gloria celestial, del polvo a la incorruptibilidad, de la muerte a la Vida.

Suenan en el cielo las trompetas y campanas de alegría en toda la tierra. Los ángeles entonan su alabanza, los hombres desparraman su regocijo en cantos jubilosos porque hoy has abierto las puertas del cielo y el Paraíso se ha transformado así en nuestra morada.

El Señor ha vencido a la muerte.

¡El Señor ha resucitado

¡¡¡Verdaderamente ha resucitado!!!

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